miércoles, 29 de abril de 2026

DIOSES Y LEYENDAS LACANDONAS

Pensando en Sophie Pincemin

Recién hace algunos días, de viaje a la ciudad de México, en alguna de las librerías de viejo de la calle de Donceles (entre la estación Allende, la antigua Cámara de Diputados, la plaza de Santo Domingo y la Catedral Metropolitana) creí haberme encontrado una joya. Un texto sobre los lacandones de Georgette Soustelle, perdido entre las páginas de la revista Guatemala Indígena. Debía comprar, naturalmente, sólo el número en el que se encuentra, pero no. La librera, una joven esbelta de cabellos rubios, lentes apenas perceptibles y labios nacarados, me conminó a llevar los tres volúmenes, aunque el de nuestro interés era el número uno.

―No están disponibles por separado, amigo ―me dijo amable―. Ya sabe usted. Para no demeritar su valor.

Los tres tomos viejos, aunque impecablemente encuadernados en percalina café, contenían los cuatro primeros números de la revista guatemalteca, desaparecida hace tiempo. Apenas si los revisé pues costaban un ojo de la cara y, aunque no contenían materiales adicionales sobre Chiapas, finalmente los puse en el carrito. Hoy, con calma en El Aguaje, aprovechando el asueto de Semana Santa, me deleito con ellos, y son, efectivamente, una joya. Aunque en especial por el artículo de Georgette, compañera inseparable de Jacques Soustelle, ambos etnólogos franceses del primer tercio del siglo pasado, estudiosos de las culturas mesoamericanas. La referencia del texto es la siguiente:

Soustelle, Georgette (1961). “Observaciones sobre la religión de los lacandones del sur de México” en: Guatemala Indígena (Vol. 1, Núm. 1). pp. 31-105.

El texto está basado en las observaciones reunidas por ambos en su “expedición” del año 1934 a la Selva Lacandona. Se suma a los otros artículos difundidos por ellos sobre la comunidad (“Notas sobre los lacandones del lago Peljá y el río Jetjá”, “El totemismo de los lacandones”, “Las ideas religiosas de los lacandones”, “La cultura material de los indios lacandones”, “Notas sobre el ritual religioso de los lacandones” y “La religión de los indios lacandones, aztecas, mayas e incas”), todos publicados en diversas revistas francesas. Los cuatro primeros números de la revista son sustanciales, pues hay en ellos algún texto acerca de los orígenes de la Cofradía Indígena Americana, y varios sobre los grupos étnicos de ascendencia maya, naturales de Guatemala y Belice.

© Lo majestuoso del pasado. Selva Lacandona. 2021

 

 

Panteón de los lacandones

El artículo sobre Chiapas refiere el panteón de los lacandones; el conjunto de las divinidades que formaron parte de su religión, integrada por 29 entidades diferentes. Tras la lectura del texto se deduce que las más notorias ―quizá aquellas de mayor ascendencia sobre ellos―, fueron las siguientes:

1. K’okonkyum, el más viejo de las divinidades, quien habita debajo de la tierra, en el inframundo, e impide que la corteza terrestre se quiebre durante los estremecimientos sísmicos.

2. Usukunkyum, deidad vinculada al sol y habitante del inframundo, quien al igual que el anterior… Cuando tiembla, sostiene con todas sus fuerzas los parales, que al igual que los de las casas lacandonas, sostienen la tierra. Atiende y ampara al sol al morir ―cuando desaparece de la faz de la tierra―, y lo lleva sobre sus espaldas mediante una tabla. A la media noche, el astro toma pozol y reposa por un momento. Luego vuelve a partir, conducido siempre por esta divinidad hasta el oriente. Una deidad asociada a él es Yumbirikam, quien vigila al mundo, probablemente el mismo Ats’bilam “el que compone al sol”, yerno de Tsakampat.

3. K’in es el dios sol, “héroe de una aventura que lo ubica en oposición” a Kisín, el dios malo por antonomasia. Es blanco o moreno como la gente mestiza, y una luz intensa emana de su cabeza. Durante la noche es ayudado por Usukunkyum y pasa las noches en una caverna próxima al caribal o campamento de San Quintín, junto con las divinidades Kiyum, Biram y Okná. Acompañado por estos, K’in transcurre o camina lentamente por el cielo; luego penetra a la tierra, hasta llegar a su cueva, “pasando sobre los árboles”.

4. Na u Okná es la luna, cuyo marido es el sol. Está asociada a las grutas consagradas al sol y se cuenta que pasa las noches con él, haciéndole compañía.

5. Kisín, como se ha apuntado, es la divinidad malévola. Es el responsable de terremotos y epidemias, y “vive en todas partes”. Es un dios malhechor y opuesto al sol, casado con la hermana de Usukunkyum (o Usukyum), aparentemente al servicio de este. Cuentan los lacandones que, en San Quintín, fue responsable, hace tiempo, de una epidemia que diezmó a la población.

6. K’anakas o Muur, es la divinidad del bosque, o protector de la selva. Vive en los acantilados rocosos. En la parte de la selva que le pertenece, en donde es cuestión prohibida abrir trochas, cortar lianas o romper ramajes. Creen los lacandones que estas dos últimas son las únicas deidades cuya “personalidad” es totalmente independiente del sol.

7. Atsakyum es la divinidad a la que imploran salud los lacandones, ante cualquier accidente o enfermedad. Junto a él, aunque en menor rango, se encuentran Akyum, T’sop y Sakapuk.

8. Metzabok, mismo nombre de la laguna homónima, es el dios de la lluvia. Se cuenta que vivía en Ocosingo, en donde tomó por mujer a “la hija del santo de los ladinos”. Luego huyó con ella hacia el bosque, razón por la que una vez al año va a Ocosingo, a visitar a su suegro. Finalmente otras divinidades destacadas son: K’ak’, divinidad del fuego, K’ayum, deidad de la música e Itsanokú tan sólo “importante”.

Cuatro leyendas finalmente, destacan en el texto: la historia del sol y de la luna, la de K’inkobo y las taltuzas, la del fin del mundo y la que se deduce de la tradición de Metzabok.

 

 

El sol y la luna

El sol y la luna son marido y mujer desde el origen de los tiempos. Son mestizos o blancos como los ladinos, y la luz que difunde el sol proviene de su cabeza que se quema. “El sol, para ir desde el amanecer hasta el ocaso, tiene en el cielo un camino muy amplio, limpio y sin vegetación”.

Cuando el sol llega al final del mundo, cuando comienza a morir, “Usukunkyum va a buscarlo, lo atiende y lo ampara. Cargado sobre una tabla, lo lleva sobre sus hombros. A la media noche el sol descansa por un rato mientras toma pozol, y luego Usukunkyum lo lleva del mismo modo hasta el oriente”. Mientras tanto, también se cree que el sol y la luna pasan la noche en la cueva próxima al caribal de San Quintín, y que Kiyum y Biram lo acompañan siempre. Salen por la mañana de la cueva al mismo tiempo que él y, al igual que él, recorren los cuatro toda la esfera del cielo. Luego vuelven a la tierra y entran a la cueva, pasando por los árboles de arriba hacia abajo.

© Desde arriba. Selva Lacandona. 2021



K’inkobo y las taltuzas

 Cuenta la autora que su informante “obtuvo esta historia de su abuela, por medio de su padre”, y que esta “conoció al héroe de la aventura”. Que cierto día K’inkobo cazaba taltuzas. Que entró en una cueva donde encontró varias columnas de fuego, un arroyo de fuego, tierra quemante y, al lado, un pequeño pozo de agua fría, y que todos estos fenómenos eran obra de Kisín el malo.

K’inkobo se condujo por una larga galería y a la salida se encontró con un espacio descubierto donde había únicamente algunos árboles frutales. Se aproximó a uno de ellos, luego se arrancó la piel de la cabeza y los cabellos, y dejó descubiertos los huesos de su cráneo, aunque en el mismo momento un fruto cayó sobre su cabeza y le hizo daño.

Entonces, como por obra de magia, se volvió a colocar el cuero cabelludo a su lugar. Luego encontró a la mujer de Usukunkyum, pues ellos habitaban debajo de la tierra. Ella le dijo que esperara a su marido, por lo que, para esperarlo se ocultó dentro de una gran olla, cubriéndose con chiles para no ser descubierto por Kisín. Usukunkyum llegó y, aunque se asombró de su presencia, finalmente platicaron, se llevaron bien y hasta lo acompañó a sus propios territorios de caza.

K’inkobo permaneció así, cuatro años bajo la tierra. Al final de este período, el hijo de K’inkobo fue transformado por Usukunkyum en cuatro parejas de tuzas. Usukunkyum colocó una pareja en cada uno de los puntos cardinales, luego hizo balché sagrado que ofreció a Kisín, quien… tomó tanto que se emborrachó con la bebida. Y entonces K’inkobo aprovechó para escapar del inframundo, sin ser visto por él.

 

 

El fin del mundo

En la zona de Peljá y Jetjá, la estatua de Ats’bilam, el gran dios de Yaxchilán, está vinculada a un mito relativo al fin del mundo. Esa antigua estatua no tiene cabeza, pues se encuentra “allá arriba”. Y cuentan que cuando llegue el momento del fin del mundo, la cabeza regresará a su lugar. En esa ocasión descenderán sobre la tierra varios jaguares. Ellos devorarán a todos los seres vivientes. Incluso los peces de los ríos se morirán y hasta el sol desaparecerá.

 

 

Metzabok y Ocosingo

Aunque la deidad Metzabok, patrono de la lluvia, se quedó a vivir en la laguna que lleva su nombre, cuentan que antes, mucho antes… vivió en Ocosingo, el pueblo de la gente común. Que ahí vivía cuando tomó por mujer a “la hija del santo de los ladinos”. Que luego huyó con ella hacia la selva y que, por esta razón hasta la fecha, Metzabok viaja una vez al año rumbo a Ocosingo, a donde llega a visitar a su suegro.


Otras crónicas en cronicasdefronter.blogspot.mx.

cruzcoutino@gmail.com agradece retroalimentación.

lunes, 27 de abril de 2026

A TREINTA AÑOS DEL CHICHONAL

A mi madre doña Fausta Coutiño Coutiño.

Hace treinta años efectivamente, retumbó la tierra, se abrió de cuajo el volcán Chichonal. Blanqui y yo éramos novios, apenas unos chavales. Estudiábamos en la Facultad de Ciencias Sociales de San Cristóbal y entre ambos, recién éramos dueños de un Caribe anaranjado. Por la noche del día anterior —muy poca gente apenas si se enteraba— había estallado majestuoso, aunque mortal, el volcán del nor-noroeste de Chiapas, la montaña sagrada de los zoques de Chapultenango y Francisco León. Eran, según cuentan las crónicas, las 23:15 horas, la media noche del domingo 28 de marzo de 1982.

lunes, 20 de abril de 2026

PREGUNTAS, AMOR, Y YO TE CONTESTO O para acercarte a España desde mis ojos

Me preguntas, amor, cómo es esta ciudad, su gente, y yo te contesto. Hay termómetros y relojes para saber del tiempo en todas partes. Los conductores respetan el alto y las zonas peatonales, y hasta se paran en las esquinas para dejarte pasar. Hay templos románicos redondos desde el siglo XII y también un puente que recuerda a los romanos imperiales. El río Tormes que atraviesa el puente es el mismo, el del lazarillo de la novela homónima. Y cigüeñas y más cigüeñas blancas con rebordes negros pueblan el cielo de Salamanca, cuyos nidos coronan cruces y campanarios.

sábado, 18 de abril de 2026

NUESTRO FERROCARRIL PANAMERICANO

Pensando en vos, Valente Molina.

[De la minuta del VIII Encuentro Internacional de Cronistas Tonalá 2012]. A continuación, interviene el ponente Ricardo Ramos Cruz con una especie de síntesis historiográfica de las vías e instrumentos de comunicación de la planicie costera del Pacífico, en Chiapas: desde los esteros, bocabarras y canales, pasando por los barcos gringos que en 1885 inician viajes hacia el puerto de San Benito, a través de los cuales se acarrean las maderas finas de la región y se inicia el transporte y la comercialización del caucho local.

Refiere a Villa Comaltitlán, e infiere un “camino real del Soconusco” —a lo largo de la franja costanera—, por el que transitan desde tiempo inmemorial: cacao, vainilla, añil, jícaras y achiote. Y plantea que el ferrocarril y las carreteras modernas, afectaron negativamente las tradiciones del pueblo citado y los de la región.

miércoles, 15 de abril de 2026

CANTINA LOS REMEDIOS

Hace un mes decidí por fin, escribir algo sobre la sucursal de la cantina Los Remedios en Tuxtla, asediado por los dos o tres lectores de estas crónicas tabernarias, de frontera. Me fui con Blanqui, para actualizar mis conocimientos sobre ella, llegamos y un acomodador, como siempre, se llevó nuestro Matiz. Uno de los viejos camareros salió para atendernos, aunque… tanto sobre el escaparate externo como junto al dintel de la entrada, no encontramos el nombre de la franquicia. Leímos el marbete con la cabeza de un venado en medio, atravesado:

 La Cacería. Restaurant, bar y botanas

sábado, 11 de abril de 2026

CANTINA LA OAXAQUEÑA

Para mis amigos Bety Ramos y Carlos Burguete.

Reza el refrán mil veces acogido: “A cada capilla le llega su fiesta”, o como dicen los chiapacorceños: “A cada San Sebastián le llegan sus parachicos” y… la fiesta por fin ha llegado: el momento de escribir sobre La Oaxaqueña, la cantina más antigua de los coletos sancristobalenses, aunque también de los universitarios fuereños de antes de los noventa del siglo pasado. La misma que conocí a finales de 1978, tras inscribirme a los cursos de la recién fundada Escuela de Ciencias Sociales, detrás de la “centenaria” Facultad de Derecho. Y va entre comillas lo de centenaria, pues sólo de esta forma llaman a esa escuela, los coletos de pura cepa.

lunes, 6 de abril de 2026

ACRE CRÓNICA QUE TRUENA

A José Luis Castro, cronista de Tuxtla.

Ayer domingo, tras varios meses de no bajar al Centro, nos animamos a visitarlo. Creíamos que con tanta alharaca gubernamental, cuando menos el primer cuadro de la ciudad estaría, si no impecable, digno de verse. Que podríamos estacionarnos. Que nos darían ganas de estar. Que podríamos caminar en paz y que, chance hasta un helado de zarzamora se derretiría con nosotros. Pero ¡Oh equivocación! ¡Infantil ingenuidad! Traspusimos el Libramiento Sur y tan sólo observamos, como nunca, una ciudad sucia y descuidada.

jueves, 2 de abril de 2026

HISTORIAS DE CERRO HUECO

Sí. Cerro Hueco es la más conocida y famosa gruta, sobre la parte media de la Mesa de Copoya, hacia el oriente, justo en donde la montaña se desvía hacia el noreste. Claro, si nos ubicamos en el centro de la ciudad, al centro de Tuxtla Gutiérrez. Algo más abajo estuvo el penal homónimo de triste memoria, espacio que hoy ocupa el Museo de Ciencias, y junto a él, hacia la derecha, el ZOOMAT, Museo de don Miguel Álvarez del Toro, el más auténtico de los zoológicos del mundo. El autor del retrato es Reynaldo González Gómez, originario de la ribera del mismo nombre, la ribera de Cerro Hueco, quien ahí radica hasta hoy, viejo, achacoso y abandonado a su suerte.

lunes, 30 de marzo de 2026

SEMANA SANTA PASIÓN DE ESPAÑA

Aunque el español medio pretende negarlo, es evidente que, durante las celebraciones de Semana Santa, así como conmemoran la pasión y muerte de Jesucristo, recuerdan también a quienes le martirizaron: a sus captores, verdugos y sicarios, e incluso rememoran los espeluznantes “actos de fe”, montados por la iglesia durante la vigencia del Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Y es que, son fastuosas y espectaculares las puestas en escena de los días de la Semana Mayor. Estas se efectúan en todos los pueblos y ciudades españolas y a cuál más compite por obtener la aclamación laudatoria y el reconocimiento del público, así sean ciudades grandes o pequeñas y dentro de ellas sus más destacadas cofradías.

sábado, 28 de marzo de 2026

APUNTES SOBRE LA MEZCALAPA ZOQUE

Pensando en nuestra Aracely Burguete Calymayor.

Recién en estos días hice un viaje corto que desde hacía tiempo tenía pendiente, para concluir en cierto modo nuestro conocimiento sobre los caminos de Chiapas. Excursión a la Mezcalapa zoque; entre Copainalá, Tecpatán, Ostuacán y Chapultenango. Al igual que mantenemos en veremos, un recorrido que desde los municipios de Bochil y/o El Bosque nos conduzca a San Cristóbal, y de vuelta nos lleve por el lado de la antigua hacienda Cacaté y la pequeña ciudad de Ixtapa hacia Tuxtla Gutiérrez. Salimos pues, de la ciudad coneja, a las seis de la mañana, Ramiro Romeo Ruiz, 83 años, Osmar Santiago Gómez, veintiocho, y el autor, sesenta y uno. Pasamos por San Fernando antigua hacienda Las Ánimas durante los siglos XVIII y XIX, y mucho antes Sahuipac Osumapa, cruzamos el túnel carretero que salva la montaña, reconocemos la cortina de la presa hidroeléctrica Chicoasén y entramos a Osumacinta. Salimos, pasamos propiamente al pueblo de Chicoasén y a su río, y desde ahí nos enrumbamos a Copainalá.